“La vida es un regalo”

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Un cruel e inescrutable destino quiso llevarse antes de tiempo el pasado viernes a la ex-piloto de Fórmula 1, María de Villota. Su repentina pérdida sumió al mundo del deporte en un baño de lágrimas, impotencia y desolación. A sus 33 años nos dejó una estrella, fugaz, pero que continuará brillando en el recuerdo de su sonrisa.

María de Villota fue una luchadora toda su vida y ya desde muy temprana edad se esforzó al máximo por vivir de su pasión, el automovilismo. Un modelo a seguir para cualquier deportista y un referente para todas las mujeres, ya que sin duda ha contribuido a dar un pasito más en la igualdad entre hombres y mujeres en el deporte. Se inició en el karting a los 16 años y poco a poco demostró su enorme valía para la competición. Entre sus logros personales destacan: única mujer subcampeona de España en una competición de monoplazas; primera en participar en el WTCC, en la Superleague Formula y en las 24 Horas de Daytona; y primera en alcanzar la pole en el Ferrari Challenge.

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Tras años de éxitos en el 2012 cumplió su sueño. Fichó como probadora por un equipo de Fórmula 1, el Marussia. Lamentablemente su carrera quedó truncada en un fatídico accidente el 3 de julio de 2012. Mientras realizaba pruebas de aerodinámica para su equipo, se estrelló contra un camión. María de Villota fue intervenida de urgencia. Tenía muchas fracturas en el cráneo y en la cara y fue sometida a cinco operaciones de gravedad simultáneamente. Los cirujanos calificaron de milagro que sobreviviese al impacto y a las intervenciones quirúrgicas. María, en la camilla y en peligro de muerte, sólo se preocupaba por si podría volver a correr… En la operación la joven piloto perdió su ojo derecho, lo que desgraciadamente impedía que continuase con la práctica de este deporte.

Lejos de hundirse, María de Villota ganó la carrera más importante a la que se había enfrentado. Derrotó a la pesadumbre y mantuvo unas ganas de vivir inigualables hasta su último suspiro. Desde su accidente se dedicó a dar charlas y conferencias para animar a todos aquéllos que pudiesen estarlo pasando mal, entregándose a los demás y compartiendo lo más preciado que siempre tuvo, su vitalidad. Quienes la conocieron hablan de una persona cercana, humilde y amable, siempre dispuesta a ayudar sin esperar nada a cambio y con una “enorme sonrisa”. Todo ello con la eterna esperanza de poder, algún día, volver a ponerse al volante de un bólido de competición.

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Durante más de un año, María de Villota estuvo soportando en el dolor de su intimidad las múltiples secuelas que dejaron su accidente. “Secretismo” que no hace sino incrementar el mérito de una persona admirablemente valiente. María se fue a dormir y se sumió en un sueño del que no despertó, quizá pensando en la presentación de su libro La vida es un regalo (que tenía lugar hoy, lunes) y en ese último Whatsapp que mandó a las 00:19. En cualquier caso, falleció como murió: feliz.

Su familia quiso despedirse de ella a través de Facebook con el siguiente comunicado:  “Queridos amigos: María se nos ha ido. Tenía que ir al cielo como todos los ángeles. Doy gracias a Dios por el año y medio de más que la dejó entre nosotros”. Asimismo, numerosas personalidades del mundo del deporte emplearon diversas redes sociales para lanzarle su último adiós aún sin terminar de creerse lo que había pasado… Siempre es duro despedirse de alguien, más si es joven y querido. Adiós María, o hasta luego. Pequeña heroína del siglo XXI.

María de Villota, gracias por tu ejemplo.  

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