24o por la educación de TODOS y para TODOS

Ayer, día 24 de octubre, una masa enfurecida, más que nunca -y con razón- ocupó las principales arterias madrileñas para defender su pilar fundamental. La educación pública. Dejándonos la voz con gritos como “Rajoy, los recortes pa’ tu barba” tratábamos de proteger la educación de TODOS (y reitero el todos). Porque la cultura no entiende de ideologías. Decenas de miles de personas (cuatro gatos según cifras oficiales) dijeron NO a la LOMCE. Una ley restrictiva y fundamentalmente politizada que tan solo cuenta con el apoyo del Partido Popular. Una ley que recorta presupuesto a las escuelas públicas, que defiende la existencia de la enseñanza privada y elitista y que deja parte de esta en manos de la religión católica (obviando a aquellos que no la practican).

La manifestación de ayer en contra de esta nueva reforma educativa fue tan solo el final a una exitosa huelga que ha durado 3 días. Aulas vacías y cientos de jóvenes solidarizados con los compañeros que no han tenido tanta suerte es lo que se vio en escuelas y campus universitarios. Ciudadanos unidos con un objetivo común. Protestas que dejan entrever el cansancio de una población maltratada a la que, a este paso, no le van a dejar ni lo puesto.

A pesar de la guerra de titulares que hemos visto al día siguiente (y me refiero a los periódicos, porque la televisión ha debido encontrar temas más importantes) la huelga contó con un gran seguimiento, no solo en la capital, sino en prácticamente todos los puntos de España. Dejando de lado la “sangre” de la que habla La Razón o las aulas llenas que no se dónde ha visto ABC, el 83% de docentes en la enseñanza pública no universitaria decidieron defender ese día sus puestos de trabajo. Padres e hijos, de todas las edades, se vistieron con sus camisetas verdes para recorrer las ciudades en medio de enorme bulto de pancartas y tambores.

Porque ya no queremos seguir entrando por el aro. Estamos hartos de enfrentarnos al tasazo universitario y sus cifras astronómicas, a los niños apiñados en una clase con tan solo un profesor que hace las veces de superhéroe para controlar tanta energía acumulada, al despido de personal, a los compañeros que se quedan a las puertas de su futuro por motivos económicos…Pero sobre todo no queremos seguir enfrentándonos ante  un terrible enemigo. Uno de esos que se meten debajo de las camas o dentro de los armarios y salen en plena noche para perturbar tus sueños. Ese hombre cuya soberbia y prepotencia es capaz de hacer hervir la sangre de muchos. Que es objeto de grandes odios pero dudo que a la vez lo sea de grandes amores (al menos si estos tienen que venir del ciudadano de a pie). Jose Ignacio Wert. Ese “señor” que además de político, fue profesor de Teoría de la comunicación en la Facultad de Información de la Universidad Complutense pero que ahora parece haberse olvidado de sus compañeros y alumnos. El protagonista de lemas de protesta, fotos de burla y muchos insultos (entiendanme señores, el ambiente está caldeado) a las puertas de su centro de trabajo.

Según ha dado a entender este personaje al que nos referimos, el diálogo será su próximo paso. Pero, ¿el diálogo como distracción a la aplicación de sus medidas? ¿Más bien el monólogo, SU monólogo? Es hora ya de que se nos escuche señor Wert. Es hora de que usted deje de tirar nuestra educación al Wertedero.

Artículo: mcaparros94. Fotografía: martiggy

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