Veinte años sin Audrey

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Han pasado veinte años y nueve meses desde que nos dejó Audrey Hepburn. Murió el 20 de enero de 1993, pero no sería justo asociar a Audrey con el invierno. Ella era la primavera, el verano, y elijo un día de otoño para rendirle homenaje. Porque el otoño nos deja el sabor agridulce de la despedida, pero los recuerdos que nos evoca nos hacen sonreír.

Edda Kathleen Van Heemstra Hepburn-Ruston. Audrey Hepburn para la gente de a pie. Era la época dorada de Hollywood, en la que otra Hepburn había cautivado a la gran pantalla, la gran Katharine. Era el Hollywood de Marilyn Monroe, de Cary Grant, de Fred Astaire. Hollywood era sinónimo de glamour, pero de glamour de verdad: sombreros maravillosos, vestidos largos y brillantes y, sobre todo, mucho tabaco. Cigarros por doquier, en un momento en que los chavales de dieciséis años se encendían los cigarros con el encendedor del coche de su padre para parecerse un poco más a James Dean, y las jovencitas manchaban la boquilla de carmín en un intento de emular a Bette Davis.

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Y entonces llegó Audrey. Tan delgada, tan elegante, tan perfecta. Su cinturita minúscula y sus clavículas marcadas podían darle un aspecto débil, pero con solo ver sus ojos esta impresión quedaba en el olvido. Y es que Audrey fue una mujer de una enorme fuerza, sin pretenderlo, sin querer aparentarlo. Porque ella nunca fue lo que llamaríamos un sex symbol, como la seductora  Jane Russel o la explosiva Marilyn, sino que conquistaba por su personalidad. Por supuesto, su sencilla belleza era un punto a favor, pero lo que realmente conquistó al público de entonces y de ahora es su positividad.

Creo que el sexo está sobrevalorado. No tengo ‘sex appeal’ y lo sé. De hecho, prefiero tener un aspecto curioso. Mis dientes son curiosos y no tengo los atributos que se le presuponen a una diosa del cine, incluido un buen tipo

Porque Audrey era capaz de convertir un día rojo en un día rosa, pese a todo lo que sufrió. Fue una mujer que creyó en el amor pese a la mala suerte que había tenido, de verdad se creía eso de que el amor puede con todo y que nunca hay que perder la esperanza.

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Creo en el rosa. Creo que la risa es la mejor forma de quemar calorías. Creo en besar, en besar mucho. Creo en ser fuerte cuando todo parece que va mal. Creo que las chicas felices son las más guapas. Creo en que mañana será otro día y creo en los milagros

Dos matrimonios fallidos y cinco abortos no lograron borrarle la sonrisa de la cara, y cuando logró concebir a su segundo hijo creía que moría de felicidad. Pero Cupido volvió a darle una bofetada, y se divorció de Andrea Dotti, su segundo marido.

Fue entonces cuando Audrey se dio cuenta de que quizá estaba buscando el amor de la forma equivocada, y se centró en las labores humanitarias. Amaba a los niños, y se dedicó a los desfavorecidos de forma desinteresada, colaborando con UNICEF para ayudar a niños malnutridos o enfermos de sida. Dejó los desayunos con diamantes y los little black dresses para dedicarse en cuerpo y alma a ayudar a los demás.

Nací con una necesidad enorme de recibir afecto, y una necesidad terrible de darlo

Tres meses después de un viaje humanitario a Somalia, Audrey fallecía, dejando un sabor de otoño que incluso los espectadores de hoy en día aún sienten. Es el momento de fumarse un Marlboro Light sin filtro, porque según Audrey en Charada, fumar con filtro es  “como tomar café a través de un velo”,  y ver de nuevo Vacaciones en Roma, aunque solo sea para imitar un poco a Audrey Hepburn y olvidar los días rojos.

 

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