La víctima como tapadera

Ernest Lluch (PSOE) se dirige a un grupo de la izquierda abertzale que boicoteó un acto durante la campaña de las elecciones municipales de 1999. Un año después sería asesinado por ETA.

Ernest Lluch (PSOE) se dirige a un grupo de la izquierda abertzale que boicoteó un acto durante la campaña de las elecciones municipales de 1999. Un año después sería asesinado por ETA.

“Buenas tardes. ¡Qué alegría llegar a esta plaza y ver que los que ahora gritan antes mataban! ¡Y ahora no matan! ¡Qué alegría! ¿No saben que han cambiado las cosas? ¿No saben que ha llegado la libertad y la democracia a este país? ¡Qué no se enteran! ¡Gritad más, que gritáis poco! ¡Gritad! ¡Porque mientras gritéis no mataréis! Y es buena señal porque estas son las primeras elecciones en las que no va a ser asesinado nadie. Es un gran mensaje de alegría para este país que hemos ganado a pulso.”

-Ernest Lluch. San Sebastián, junio de 1999.

No soy jurista. Ni pretendo serlo. He de admitir que entiendo poco de leyes y de los entresijos por los que se mueve el sistema judicial. No vengo a hablar de la decisión sobre la Doctrina Parot, ni de las consecuencias que ésta ha tenido en nuestro país. Me veo incapaz, por puro sentido humano, de ponerme en el lugar de las familias que fueron objeto de las balas malgastadas, de la sangre injustificada. Es algo que me asusta y me repele. Quizás por respeto a las víctimas o por miedo a entender el sufrimiento derivado de tantos años de odio y terror, no podré entender la moral imperante en aquel juego terrorista macabro.
Cuando el Tribunal de Estrasburgo hizo pública su decisión de tumbar la Doctrina Parot, me asqueó la oleada de solidaridad oportunista de algunos dirigentes políticos que llamaban a sumarse a la manifestación del pasado día 27 convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Quien aproveche cualquier circunstancia de homenaje para reivindicar de manera espontánea su actuación política en la lucha contra el terrorismo, demuestra que no hizo lo suficiente como para tacharse el título de cobarde. Ningún político puede verse forzado a mostrar su compromiso contra la lucha armada en la calle. En estos casos, mostrarse en la primera fila de una manifestación es una posibilidad, pero no una obligación. La responsabilidad a la hora de apoyar a las víctimas que otorga la representación pública es algo que, desgraciadamente, se lleva hasta el final del cargo. La defensa de la libertad y de la democracia va más allá de intereses partidistas. La solidaridad con las víctimas no se mide sólo por el número de fotografías que te hacen en una manifestación. Muchas veces se demuestra con poco ruido, entre bastidores que esconden el verdadero dolor personal y sin la necesidad de salir en televisiones y periódicos. Las víctimas no pueden contabilizarse en puñados de votos ni servir de excusa para ganarse la portada del día después a las movilizaciones.

Miembros del PP durante la manifestación de la AVT. 27 de octubre de 2013. Imagen cedida por www.pp.es

Miembros del PP durante la manifestación de la AVT. 27 de octubre de 2013. Imagen cedida por http://www.pp.es

El  27 de octubre, con motivo de la excarcelación de terroristas y otros delincuentes por la interpretación de Estrasburgo sobre la Doctrina Parot, la AVT celebró una concentración en Madrid. Este es el discurso de su presidenta, Ángeles Pedraza (a partir del minuto 15:00):

Si no perdonábamos a ETA su insistencia de asesinar por metas ideológicas y políticas, la AVT no puede hacer una cruzada patriótica que rezume a fantochadas de banderas e himnos en cada uno de sus actos.  Esa exaltación de la patria sólo puede aflorar de un sentimiento personal que cubre de rabia y dolor el propio interés político. Las emociones llevadas al fanatismo español más rancio es otra tapadera imperdonable. Todas las palabras que puedan sonar a justicia en los discursos se pierden entre gritos de “¡Viva España!”. Saliva malgastada por llenarse la boca de mierda nacionalista. El recuerdo a las víctimas se desvirtúa con el exceso de rojigualdas, y la presencia de aves preconstitucionales hace sombra al lazo negro, al luto. Es entonces cuando el recuerdo se deforma por símbolos innecesarios y tiende al olvido.

En ese juego terrorista macabro, interpretado por dos bandos de moral difusa, la víctima corre el riesgo de convertirse en excusa, en cortina de humo, en tapadera… ¿Qué tendrá que ver la lucha de ideas con los asesinatos de gente inocente? ¿Qué pretendemos demostrar con el oportunismo y la espontaneidad? ¿Qué pinta el patriotismo en el homenaje y el recuerdo?

“Pocas veces las canciones hicieron tanto daño. El verdadero sentimiento escondido entre letras de poemas y lágrimas de lucha y solidaridad. El auténtico recuerdo que suena a libertad:”

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