Zinedine Zidane, el quinto grande.

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-No soy un Dios, sólo soy un futbolista. (Zinedine Zidane)

-Puedes tener todas las virtudes del mundo, pero si no tienes suerte ni gente en el camino que te ayude, no te sirve de nada. (Zinedine Zidane)

-Trabajo, seriedad y respeto: ‘Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida’, me dijeron. (Zinedine Zidane)

La historia del fútbol nos dice que en el siglo XX hubo cuatro jugadores por encima del resto, cuatro virtuosos del balón que llevaron a sus clubes a lo más alto y tuvieron un papel más que destacado con sus combinados nacionales. Gracias a su liderazgo y a su manera de combinar la clase, la calidad y la magia en el juego, consiguieron hazañas que despertaron la simpatía de millones de fans, convirtiendo a los astros en irrepetibles, del mismo modo que pasaron a ser iconos del deporte y de alguna forma, catapultados a la eternidad.

Si en las ciudades de Madrid, Santos, Barcelona o Nápoles, se pregunta por Alfredo Di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff o Diego Armando Maradona, respectivamente, será extraño encontrar a alguien que jamás haya oído hablar de estos nombres. Igualmente, en cualquier rincón de España, Brasil, Holanda, Argentina o Italia con un mínimo de cultura futbolística, lo más probable es que se hablen maravillas de estos jugadores.

No tengo la potestad para decir quién de los cuatro fue el mejor, porque no viví las cinco Copas de Europa que Di Stéfano trajo a Chamartín, no presencié los tres mundiales que ganó Pelé con Brasil o los más de mil goles que metió en su carrera futbolística, de la misma forma que tampoco pude ver ningún partido del barça de Cruyff o de la naranja mecánica holandesa, donde dicen que empezó el tiki tika… Por último nací demasiado tarde para venerar al ídolo de una generación, y dios napolitano y argentino, Diego Armando Maradona, del cual afirman que supuso la excepción a la mítica frase de Di Stéfano ‘ningún jugador es tan bueno como todos juntos’.

En cualquier caso siempre quedan las historias magnificadas y las imágenes grabadas, a través de las cuales se puede comprobar que es cierto que ‘La Saeta Rubia’ (apodo de Di Stéfano) metió un gol de tacón, igual que nos podemos sorprender viendo el tanto del ‘Pelusa’ (apodo de Maradona) en México 86′ donde, efectivamente, se regatea a casi todos los jugadores ingleses antes de chutar a puerta, pero lo que nunca sabremos es si ‘O Rei’ Pelé consiguió marcar un gol desde el centro del campo o el motivo por el cual la Holanda de Cruyff no se alzó con el Mundial (sin quitar mérito a Franz Beckenbauer).

Independientemente del pasado, cuando empecé a ver este deporte había dos nombres protagonistas en el mundo futbolístico, uno era el del delantero centro de la selección brasileña, Ronaldo Nazario, mientras que el otro correspondía al número 10 de la selección francesa, Zinedine Zidane, el cual en 1998 había llevado a los ‘bleus’ a ser el mejor equipo del planeta, marcando dos goles en la final del Mundial contra Brasil.

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FC Internazionale striker Ronaldo kisses the golden ball for luck before the match against Juventus ..

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Entonces el astro francés jugaba en el gran conjunto italiano de la Vecchia Signora, la Juventus de Turín, equipo con el que había conquistado dos Scudettos (liga italiana) de forma consecutiva pero con el que tuvo la mala suerte de perder también consecutivamente, dos finales de Champions League (una de ellas ante el Real Madrid).

La grave lesión de rodilla de Ronaldo Nazario cuando militaba en el Inter de Milán, cedería el protagonismo mundial a ‘Zizou’ durante los siguientes años, de manera que en 2001, el presidente madridista Florentino Pérez, desembolsaba la histórica cantidad de 76 millones de euros, convirtiendo a Zidane en el fichaje más caro de la historia hasta ese momento.

En aquel instante, sabíamos que venía a Madrid un jugador del que todo el mundo destacaba su suntuosidad, que había fichado gracias a una famosa servilleta con mensaje que le mandó Florentino, en medio de una comida institucional (el cual decía ‘¿Quiéres jugar en el Real Madrid?’), y éramos conscientes de que este jugador se adaptaba perfectamente a la idiosincrasia merengue.

Lo que vino después es algo superior, inenarrable y antológico. Se puede afirmar sin exagerar que había gente que pagaba una entrada en el Santiago Bernabeu para ver jugar a Zidane. Era una cuestión de clase, algo único que hacia levantarse a los aficionados de sus asientos en medio de la exaltación y provocaba que sus propios compañeros pararan entrenamientos para aplaudirle (como confirmó Fernando Morientes). Un control del mago francés guiaba al madridismo partido a partido, igual que una ‘roulette’ suya nos enseñaba que se podía bailar en un terreno de juego. No obstante, en el mes de mayo de su primera temporada, el Real Madrid se clasificaba por tercera vez en cinco años para la final de la Champions League, en busca de su novena Copa de Europa.

En ese partido, ‘Zizou’ tenía cuentas pendientes con el pasado, debido a que ese título era el único que le faltaba a nivel de clubs, y era el más importante. Estaba rodeado de un gran equipo y se encontraba en el momento idóneo de su carrera, era la hora de demostrar quién era EL JUGADOR.

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Andrés Iniesta afirmó en 2010 tras marcar el gol que permitió a la Selección Española conseguir su primer mundial, que en el momento de golpear el balón y mirar la portería, a pesar de las miles de personas que abarrotaban el estadio, él escuchó el silencio. Podemos decir que en el minuto 45 de esa final de 2002 entre Real Madrid y Bayern Leverkusen, tras la volea de Zinedine Zidane que supuso el segundo y definitivo gol del conjunto blanco, en Glasgow, el madridismo escuchó también ese silencio en el momento del golpeo. Silencio de victoria. Zidane había versionado la novena sinfonía de Beethoven en forma de Copa de Europa, silenciando al mundo con una genialidad.

No se volvió a conseguir una Champions League en el equipo de Chamartín, los años siguientes se vieron cosas buenas, como los pases de Gutiérrez, la garra de Raúl o la omnipresencia de Zinedine, incluso se fichó al DELANTERO, al recuperado Ronaldo Nazario tras ganar el mundial de 2002, liderando a Brasil. Pero a pesar de juntar a Zidane y a Ronaldo, la política galáctica de Florentino fue improductiva futbolísticamente, puesto que la sequía de títulos del club blanco empezaba a ser preocupante, éste y otros motivos como la familia, llevaron a Zizou, a tomar una de las decisiones más importantes de su vida con 33 años. En 2006, decidió  poner fin a su carrera futbolística, eso sí, no sin antes disputar con su selección, el Mundial de fútbol de Alemania, en el verano de dicho año.

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Francia acudía a la cita sin expectativas debido al ridículo acontecido en el pasado Mundial de Corea y Japón, pero el número 10 seguía siendo Zinedine Zidane, el cual con las espaldas bien cubiertas por la vieja guardia que formaban Claude Makélélé y Patrick Vieira y ayudado por la juventud encarnada en el talento incipiente de Franz Ribéry, llevó a su selección a la gran final del prestigioso torneo, de una manera sorprendente, al son del mago francés, eliminando a España, Brasil (con recital incluido) y finalmente Portugal, para retar a la gran Italia en la finalísima.

En cuanto al partido, el último en la historia de nuestro protagonista, nos dejó muchos detalles, entre ellos destaco dos, quizá inolvidables.

El primero sucedió en la primera parte, 0-0 en el marcador, las pantallas de todo el mundo observan la final del Mundial de fútbol y penalti a favor de la selección Francesa. Zidane era el responsable de ejecutar la pena máxima ante el mejor portero del mundo, Gianluigi Buffon. Sólo a él se le ocurre tirarlo a lo ‘panenka’ en ese instante tan decisivo, y sólo a él le sale bien. Gol increíble de Francia, 1-0.

El segundo nos lleva al minuto 120 de partido, último minuto de la prórroga antes de los fatídicos penaltis, 1-1 en el marcador, y sucede lo impensable, un final triste y frustrante, quizá ilógico pero al fin y al cabo real. Zinedine Zidane no aguanta más los insultos a su familia por parte del italiano Marco Materazzi, y le propina un cabezazo en el pecho, provocando el desplome exagerado del jugador azzurro y la consiguiente expulsión del jugador francés.

¡UN MINUTO! faltaba para la conclusión del partido, pero el final trágico fue inevitable. Zidane caminando entre lágrimas a los vestuarios e Italia ganando el mundial en los penaltis 5-4, en un final de infarto.

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No se exactamente cuál es hoy en día el concepto del fútbol, pero si sé que siento aversión por la filosofía barata y los valores ficticios. Se aprecia una sobreabundancia de centrocampistas, algunos sensacionales como Iniesta o Xabi Alonso, en la edad de oro del fútbol español, la cual está marcando tendencia. También delanteros que cuando acaben sus carreras, entraran en la leyenda, como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Zlatan Ibrahimovic. Por otro lado Ronaldinho también fue puro espectáculo, de los mejores jugadores que he visto, pero lo cierto es que no volví a ver uno como Zidane, y sinceramente, no creo que lo vuelva a ver… Un líder es el ejemplo, y quien disfrute con el complicado mundillo del fútbol, ahí tiene un ejemplo número 1. Él también se ha ganado que los fans le cataloguen como ‘irrepetible’, del mismo modo que los cuatro grandes, él es el quinto.

Su fuerza consistía en que no le preocupase. Él estaba en su lugar, no envidiaba a nadie, no quería suplantar a nadie, por eso no tenía miedo.

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